El cangrejo de río y la afanomicosis

Queremos agradecer la información aportada sobre el cangrejo de río por la Astacifactoria del Parc Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa, principalmente a Joan Montserrat y Fina Torres.

Probablemente habréis oído hablar del cangrejo de río autóctono o cangrejo de patas blancas, ya que durante los últimos años se ha puesto de manifiesto la grave regresión que ha sufrido en toda Cataluña. Se trata de un invertebrado que se encuentra en el fondo acuático de nuestro patrimonio natural y que, aunque no cuenta con una especial capacidad de nadar, puede moverse velozmente si se siente amenazado.

Este crustáceo era una especie muy habitual a lo largo de los ríos catalanes, pero la problemática que trataremos hoy ha ido aumentando año tras año, hasta el punto que la supervivencia de la especie está amenazada y se considera en peligro de extinción. Como en muchos otros casos en el mundo de la conservación, la causa del declive del cangrejo de río autóctono está relacionado con especies alóctonas, tratándose en este caso de las especies de cangrejo señal y cangrejo de río americano. Estas especies llegaron a España introducidas por la administración pública para reemplazar al cangrejo autóctono.

centre fauna_cranc de riu_ (34)Aunque en la mayoría de casos, las especies invasoras suelen competir o depredar sobre las especies autóctonas (que causa la disminución poblacional de estas últimas), en el cangrejo de río autóctono no es el efecto directo de la presencia de estas otras especies el causante del declive, sino una enfermedad. Esta se llama afanomicosis, y está producida por el organismo Afanomyces.

Sus efectos residen en una parálisis del individuo, que afecta tanto a las articulaciones como los órganos vitales. Aunque el cangrejo señal y el cangrejo de río americano son vectores de transmisión, no la sufren. En este caso no están afectados por la enfermedad ya que presentan un grado de resistencia que consiste en la melanización, de forma que se rodea el patógeno con una cápsula de melanina y se consigue frenar el avance del patógeno, convirtiéndose en una enfermedad crónica.

Pero no es este el factor más importante, sino que hay dos puntos que hacen que la enfermedad sea tan temible para las poblaciones autóctonas. El primer punto, es que no hay signos evidentes de que los cangrejos la tengan. Esto implica la dificultad de actuar sobre una población donde hay individuos afectados: en cuestión de poco tiempo, todos los individuos se acaban contagiando. El segundo punto, y lo más temible, es que la mortalidad es del 100%, por lo tanto, cualquier animal contagiado muere.

Si tenemos en cuenta los dos puntos comentados, nos podemos imaginar cómo puede afectar a la especie protagonista del artículo de hoy. Una población puede estar perfectamente pero desaparecer completamente a los pocos días. Se sabe que el hongo se dispersa principalmente a través del agua, mediante las esporas, hasta que éstas encuentran a un cangrejo, en el que se desarrolla el organismo causando la enfermedad. Sin el cangrejo, el patógeno se muere, ya que no puede sobrevivir.

Teniendo en cuenta esta información, hay que decir que las previsiones para la recuperación de esta especie son pesimistas. Se han tomado medidas para aumentar el número de individuos en nuestros ríos, pero parecen no ser suficientes. De todas formas, las esperanzas no se han perdido completamente. Actualmente parece que hay una población de cangrejo autóctono que presenta una cierta resistencia a la enfermedad, sobreviviendo al menos 3 meses a su exposición.

cangrejo de río

Se realizaron estudios para conocer más sobre esta resistencia que se ha alcanzado en algunos lugares concretos, pero desafortunadamente se tuvieron que interrumpir, de forma que no se ha podido conseguir la información necesaria. Se piensa que podría pasar, como en el caso de las especies alóctonas, que esta resistencia o adaptación proviniera de una cierta melanización los individuos.

Una cosa está clara, y es que actualmente esta podría ser la única esperanza para la supervivencia de la especie. Por otro lado, parece que su futuro está condenado. No solo eso, sino que parece aún más evidente que introducir una especie “de novo”, es decir, hacer una introducción artificial desde cero, puede suponer un problema. Aunque pueda parecer una solución, cuando se trabaja con organismos vivos las consecuencias de los actos suelen ser imprevisibles.

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