Una hembra diferente

El centro Camadoca ADEFFA, situado en Santa Maria de Merlès, es el único centro donde se hace cría en cautividad del cavilat. La información sobre esta especie la hemos obtenido gracias al conocimiento que tienen en el centro, como se muestra en el audiovisual “El cavilat. Conocerlo para conservarlo“, donde han llevado a cabo la dirección técnica. El documental ha sido realizado por Estudio Divulgación Naturaleza (dirección de Xavier Bayer, fotografías de Pep Guasch y Joan Guasch, voces en off de Marta Vallès, Manu Gómez y Manuela Ané Brito, traducciones de Ramon Puertas y Manuela Ané Brito y producción musical de Lluís Giménez y Mai Sentito).

Para más información: www.adeffa.cat y www.ednatura.com

La verdad es que ese día fue francamente divertido. Se notaba que la primavera estaba en sus inicios y la temperatura del agua había aumentado lo suficiente para activar a todos los cavilats de ese tramo de río. Los machos estaban ocupados buscando pequeñas cavidades en el río y arreglándolas cuando las encontraba para convertirlas en los lugares ideales donde poner los huevos. Y las hembras nos dedicábamos a dar vueltas y a observarlos mientras trabajaban.

Como cada año, los ánimos entre los machos se caldearon y empezaron las peleas por defender los lugares de puesta o intentar usurparlos. Hay cosas que no cambian nunca y los machos tienen una facilidad increíble por querer mostrar su fuerza y hacerse ver. Cabe decir que eso atrae a muchas hembras, deslumbradas por la capacidad de protección que tienen, capacidad que favorece que las crías nazcan tranquilamente vigiladas por sus padres.

A mí, francamente, no es que este sea el punto que más me atraiga de los machos. Claro que me interesa que sean capaces de proteger los huevos y asegurar la supervivencia de las crías que podemos tener juntos, pero la fuerza no lo es todo. Los machos deben de tener un punto más, deben intentar convencer a las hembras de otra manera que no sea por la fuerza: tienen que mostrar que son válidos.

A ver, no negaré que me interesa que mis genes pasen a la siguiente generación. Pero no me gusta que me fuercen, me gusta que me convenzan. Y si quiero tener crías con un macho, la capacidad de defender la cavidad donde voy a poner los huevos es relevante, pero también busco algo más. Lo que realmente me atrae es el movimiento con la cabeza que hacen, ese temblor que despierta mis instintos reproductivos y me hace perder el oremus por un macho en concreto.

Quizá soy especial como hembra de cavilat o no, pero no me preocupa lo que puedan pensar las otras hembras o los machos. Cada uno es como es. Y el macho por el que me decanté no parecía importarle mi manera de ser, cosa que no siempre me ha pasado, y eso se lo agradeceré siempre.

Cuando me acerqué a él, me di cuenta enseguida de la química que teníamos. La cavidad que tenía no era nada del otro mundo, pero era adecuada como lugar de incubación y tenía una piedra perfecta donde poner los huevos. Así que empecé a ponerlos, boca abajo, mientras el macho no perdía detalle de mis movimientos.

Poco a poco se empezó a acercar donde estaba yo, pero la aparición de otro macho lo interrumpió. El invasor intentó echar a mi pareja, pero él demostró que también era suficientemente fuerte como para intimidar a otros machos. Solo fue necesario que se abalanzara sobre el invasor para que este huyera y nos dejara tranquilos. Cuando se fue, él me abrazó, de la manera como lo podemos hacer los cavilats con nuestras aletas, y fecundó los huevos que acababa de poner. Me hizo sentir muy bien, muy a gusto.

Después de las diversas horas que estuve poniendo huevos, que en total fueron entre 200 y 300, y que el macho fecundó, descansé un rato y me fui de la cavidad. Sabía que las crías estarían en buenas manos con ese macho, así que no me tenía que preocupar por nada más. Lo único que me supo mal fue abandonar a mi descendencia, pero así somos los cavilats: el macho es quién vigila la puesta y se asegura de que nazcan las crías.

hembra cavilat

Es posible que este comportamiento cueste de entender a los animales en los que son las hembras quienes cuidan los huevos o los embriones, ya sea solas o con la ayuda de los machos. Quizá da la sensación de que somos malas madres, que nos desentendemos de nuestra descendencia. Pero hay que tener en cuenta que la reproducción siempre es cosa de dos y que la evolución de la vida ha dado lugar a comportamientos muy diferentes. No necesariamente las hembras tienen que estar siempre ligadas al cuidado de las crías.

Puede que haya quien crea que somos afortunadas y podemos ser libres, pero en el fondo tampoco es esto, porque no podemos escoger: las hembras de cavilat ponemos los huevos y los machos los cuidan, siempre es así. No somos como los humanos que pueden escoger quién cuida a sus hijos, si quieren tener, etc: ellos son que son afortunados por poder decidir. Pero los cavilats no somos libres, solo tenemos un comportamiento diferente.

Siendo sincera, siempre me he preguntado si los huevos que he puesto a lo largo de mi vida han llegado a nacer o no, si el macho ha sido capaz de protegerlos durante los cerca de 30 días que dura la incubación y si los pequeños peces, que solo miden entre 7 y 8 milímetros, han conseguido sobrevivir hasta convertirse en adultos.

Este pensamiento no ha terminado quitándome el sueño. Porque, una vez fuera del período de cría, solo me he preocupado por mí misma y por sobrevivir. Pero sí que es cierto que me gustaría coincidir algún día con algunos de mis hijos, si los sé reconocer, y saber que se han convertido en cavilats adultos y sanos. Me sentiría orgullosa de ser madre… igual como se deben de sentir el resto de madres del mundo animal

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