La ecología de las náyades

Agradecemos la información cedida por Núria Valls y Oriol Comas, del centro Camadoca Adeffa, en Santa Maria de Merlès, donde se lleva a cabo la cría en cautividad de la náyade Unio mancus.

¿Sabéis qué son las náyades? Si hacéis una pequeña búsqueda por internet podréis encontrar que se trata de unas divinidades de la mitología griega, hijas de Zeus. Unas ninfas que representaban el agua de lagos y fuentes, entre otros.

Pero claro, esto se trata de una web dedicada a la conservación de la fauna y flora catalana, por lo tanto ya os podéis imaginar que esta respuesta tiene truco. Se trata de una especie de molusco bivalvo de agua dulce, que ha sufrido una gran regresión en Cataluña en los últimos años. Así que si queréis entender qué es lo que da valor a estos animales, que tienen un papel muy relevante en su ecosistema, no dudéis en seguir leyendo.

Las náyades suelen vivir medio enterradas en el lecho de ríos, arroyos y canales, donde filtran el agua para obtener alimento, de forma similar a las conchas que encontramos en la playa que vamos en verano. La gran importancia ecológica de las náyades en los ecosistemas fluviales donde habitan se debe a varios factores.

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Diferentes medidas de las náyades, que corresponden a diferentes estadios de crecimiento

Por un lado, estas especies ocupan una posición muy importante como vínculo entre el bentos (la parte honda del agua donde viven los adultos), el plancton que circula por el agua del que se alimentan y los peces que utilizan para completar su ciclo vital. Con todo esto podemos entender el papel clave en la conexión entre diferentes estratos o componentes tróficos, un papel relacionado con la función y la calidad de río.

Además, el hecho de que su alimentación esté basada en el mecanismo de filtración continua constituye un eficaz sistema para depurar las aguas fluviales. Se trata, en este sentido, de especies paraguas, porque su protección favorece la riqueza de otras especies en el ecosistema que se aprovechan del estado del río.

El hecho de que necesitan peces como huéspedes es uno de los puntos más curiosos de la especie. De hecho, cada especie de náyades parasita unas especies de peces concretos para continuar con su ciclo vital. Se trata de especies con las que ha compartido ecosistema a lo largo de su evolución y, por tanto, este hecho nos muestra la importancia que tienen la historia evolutiva y el contexto para entender el presente de las especies que habitan en nuestro mundo.

En Cataluña podemos encontrar diferentes especies de este molusco, como la náyade auriculada (Margaritifera auricularia), que se trata de una especie que en toda España sólo se encuentra en algunos puntos del Ebro, algunos de ellos en Cataluña . Puede parasitar dos especies diferentes de peces: el esturión, actualmente extinguido en nuestros ríos; y la pez fraile, que actualmente no tiene mucho mejor futuro en Cataluña, ya que se encuentra en peligro de extinción.

También encontramos dentro de nuestra fauna Unio mancus, que parasita al bagre y a los barbos. Aún así, se han hecho experimentos en condiciones controladas donde se ha visto que es posible que parasiten otras especies (incluso peces introducidos). Otras dos especies que hay en Cataluña son Potomida littorali y Unio ravoisieri.

Por último, cabe mencionar Anodonta anatina. Esta especie no está tanto amenazada debido a que es capaz de parasitar un rango más amplio de peces. Por lo tanto, no es tan susceptible como las otras náyades, que tienen una dependencia mayor de los peces que parasitan.

¿Y cómo se produce la parasitación de los peces? Para empezar, las náyades deben conseguir que la liberación de los gloquidios, el nombre científico de las larvas parásitas, tenga éxito sobre los peces. Además, se debe tener en cuenta que estos crean resistencia, por lo que al año siguiente no se parasitan tan fácilmente y, por lo tanto, la reproducción podría complicarse. Una vez las larvas o gloquidios han parasitado al pez, se pegan a las branquias del huésped y se quedan hasta que hacen la primera metamorfosis. Tras esta se convierten en juveniles, que caen del pez y van al sustrato fluvial. Allí vuelven a hacer otra metamorfosis para convertirse en adultos y, de esta forma, poder continuar el ciclo una vez han llegado a un tamaño mínimo.

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La náyade presenta un complejo ciclo vital en que depende de los peces a los que parasita

Todo ello forma parte de un proceso evolutivo, una carrera donde las especies deben intentar dar un paso adelante respecto a sus competidores o las especies con las que se relacionan. Esta carrera es obvia, por ejemplo, entre las presas y depredadores, que han evolucionado uno al lado del otro, adaptándose a los cambios que sufre la otra especie a lo largo del tiempo.

Como veis, el ciclo vital tiene generalmente una fuerte dependencia de unas pocas especies. Si a esto le sumamos la regresión que han sufrido los peces a los que suelen parasitar, entre otros factores, podemos entender la fuerte disminución de las poblaciones catalanas de náyades. Si no se recuperan las especies de peces autóctonos, poco tenemos que decir.

Debemos ser conscientes del valor ecológico que tienen las náyades y de la pérdida que se da con su regresión. Se trata de una de aquellas especies que generalmente se conocen poco, pero que son muy relevantes para nuestros ríos.

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