Entrevistando a las tortugas

Agradecemos la información aportada por Joan Budó y el equipo del Centre de Recuperació de Tortugues de l’Albera (CRT l’Albera), que han permitido la redacción de este relato sobre el galápago europeo, una de las tortugas de agua dulce que hay en Cataluña.

A mucha gente le gustaría hablar con los animales, pero no pueden hacerlo. Y si alguien lo afirma, se le considera un loco. Pero yo no lo estoy. Soy una persona sensata, con la cabeza donde toca. Soy biólogo y me dedico profesionalmente a la investigación. Y, además, hablo con los animales. Por eso sé que no estoy loco. Ahora, también es cierto que nadie sabe que hablo con ellos. Desde pequeño lo he podido hacer. No recuerdo un momento en que no pudiera comunicarme con los animales. De manera que querer estudiar biología para trabajar con fauna era algo obvio.

Actualmente estoy trabajando con el galápago europeo, de nombre científico Emys orbicularis. Esta especie de tortuga de agua dulce se encuentra amenazada en Catalunya, con una población que actualmente se cree que es de 1000 ejemplares. Se conoce cuál es su alimentación, cuáles son sus requerimientos para el hábitat, cuáles son sus depredadores, pero aún falta más información.

Para conseguir esta información visité un centro donde crían esta especie. Los trabajadores me comentaros que se sabe poca cosa de la especie en libertad, pero que en captividad llegan a la madurez sexual  en un mínimo de 6 años. También me dijeron que creen que en estado salvaje la madurez se da más tarde, alrededor de los 10 años, y que invernan entre noviembre y marzo, momento en el que empiezan a aparearse por medio de una cópula dentro del agua.

No me sorprendió que hubiese aspectos desconocidos o poco estudiados, así que para resolverlos fui a ver a las tortugas, aprovechando mi don. Desafortunadamente no me dijeron nada que no me hubieran dicho los trabajadores. Comentaron que ellas no han vivido en libertad, así que no podían decir nada sobre su biología en libertad.

Me fui de allí decepcionado, pero con la esperanza que al día siguiente, acompañándoles a sacar tortugas exóticas de unas lagunas, pudiera encontrar galápagos europeos salvajes.

De buena mañana me recogió un de los trabajadores del centro en el hotel donde me alojaba y fuimos hasta donde había las trampas para capturar tortugas. Lo seguí hasta cerca de una de las lagunas y comenzó a estirar una cuerda. Entre las hierbas apareció un flotador que tenía una red cerrada debajo. Al sacarla del agua, estaba llena de tortugas, principalmente tortugas de Florida (liberadas por alguien).

Este patrón se repitió en casi todas las trampas, excepto en una, más aislada que las otras, donde por fin encontramos un galápago europeo. El trabajador me la dio y empecé a tomarle medidas: anchura y longitud del caparazón y peso.

  • Hola, ¿podemos hablar? – le pregunté.

La tortuga me miró, con la boca abierta, pero no sé si porque estaba sorprendida o porque me quería morder.

  • No le digas nada – dijo otra tortuga que sacó la cabeza de la laguna.
  • ¿Por qué no me tendría que decir nada? – pregunté.
  • ¿Por qué quieres hablar conmigo? – pidió la tortuga que tenía en las manos.
  • Porque os quiero ayudar – contesté.
  • No te dejes engañar – dijo la otra.
  • Me fío de ti. ¿Qué quieres saber?
  • ¡Pues muchas cosas! Nos falta mucha información sobre vosotras. Por ejemplo, ¿a qué edad podéis empezar a reproduciros?
  • Yo a los 11, pero varía.
  • ¿Cómo que varía?
  • Que no todos maduramos a la misma edad – contestó la segunda tortuga, resignada a hablar. – Los machos maduran antes y las hembras más tarde. Yo soy una hembra y maduré a los 13, y él es un macho y por eso lo hizo antes.
  • Pero también depende del ambiente. Conozco algunos ejemplares que han madurado incluso antes – comentó el macho.
  • Pero, ¿no hay una edad concreta? – insistí.
  • No – va contestar la hembra.
  • ¿Suponemos que la mayoría lo hace partir de los 10 años? – insistí, siguiendo la información que me dieron ayer desde el centro de cría.
  • Quizá – contestó el macho. – ¿Qué más quiere saber?
  • ¿En qué época del año nacéis?
  • Yo nací en otoño – dijo la hembra.
  • Y yo en primavera – contestó el macho.
  • ¿Cómo puede ser posible? – no le encontraba el sentido.
  • Pues porque hay puestas que en invierno aún no han salido – respondió la hembra.
  • Pero, ¿esto qué quiere decir: que salís del huevo en otoño y os quedáis bajo tierra hasta la primavera o que salís del huevo directamente en primavera? – pregunté, confundido.
  • Pues en mi caso…

Se calló de golpe cuando se acercó el trabajador, que había devuelto la trampa al agua. La hembra desapareció. Consciente que no volvería a hablar con ellas, liberé el macho, pasé los datos al trabajador y nos fuimos.

Y aquí estoy, otra vez en el laboratorio. Me fijo que hay datos obtenidos anteriormente que muestren que la madurez sexual depende del  tamaño de cada individuo y de las condiciones ambientales en las que vive, como habían dicho las tortugas. Veo que en cautividad maduran antes porque tienen crecimientos más rápidos, y en libertad maduran más tarde porque crecen más lentamente, tal y como comentaban los trabajadores del centro.

tortugas naixement

Respecto al nacimiento de las crías, me doy cuenta de que ya tenía datos que mostraban estas variaciones, pero pensaba que eran errores o crías que habían nacido cuando tocaba pero no se habían encontrado hasta la primavera. Sabiendo que hay la posibilidad de que nazcan en esta época, buscaré más información sobre esto.

Lo que queda más claro que antes es que aún falta mucho para saberlo todo sobre los galápagos europeos. Y hasta que no tengamos más conocimiento sobre ellos, no podremos ayudarlas del todo y garantizar su supervivencia. Cosa que quiere decir que toca seguir investigando, no hay más remedio.

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