Una especie ultra-adaptable

Agradecemos la información aportada por Yolanda Melero, investigadora del CREAF, sobre el visón americano.

“¿Es una animal? ¿Es una rata? ¿Es una nutria? ¡No! ¡Es SuperVisón!”.

Mmmm no, no me gusta. Parece que sea el encargado de vigilar a los trabajadores de un almacén. Vaya, que suena a supervisor. Nombre descartado.

Probemos esto: “¡No es un humano, ni es un animal cualquiera: es Visón!”.

No, tampoco. Aparte que alguien me podría confundir con Visión de Marvel, no queda claro qué tipo de visón soy…

No hay manera. No encuentro mi nombre de superhéroe, la verdad. Bueno, de superhéroe o de supervillano, pero esto es un tema que tocaré más tarde.

La verdad es que soy un visón americano, un mustélido de color marrón/negro (aunque hay ejemplares grises o incluso blancos) y con una mancha blanca en el labio inferior (no siempre presente). Como nuestro nombre indica, somos de América, concretamente del norte de Estados Unidos y Canadá. Alguien se preguntará cómo llegamos a Europa y la respuesta es simple: como se hacen abrigos con nuestras pieles, algunas personas decidieron construir granjas en diferentes puntos del mundo donde nos tenían encerrados, y un día nos escapamos.

¿Quiere decir esto que ahora campamos libremente por el territorio europeo como venganza? Pues no. Por mucho que esté hablando, no tenemos la conciencia suficiente para hacer ataques premeditados de este tipo. Nosotros vivimos en zonas donde no deberíamos estar por un cúmulo de despropósitos: en algunos lugares, unos iluminados nos liberaron, como en Galicia, sin saber cuáles eran las consecuencias de sus actos (ha sido peor el remedio que la enfermedad), en otros lugares, como aquí, en Catalunya, nos escapamos de dos granjas, cuando una se quemó y la otra se estaba reconstruyendo. Esto y la falta de depredadores y competidores hacen que seamos tan abundantes y causemos tanto impacto.

Pero no somos unos animales malvados. Nosotros solo intentamos sobrevivir en un nuevo ambiente y, de rebote, estamos causando unos efectos que están cambiando los ecosistemas europeos. Por ejemplo, como somos más grandes y adaptables que el visón europeo, lo estamos arrinconando en zonas de Navarra y La Rioja. Pero solo es el resultado de las acciones que hacemos para sobrevivir.

viso adaptable

He dicho que somos más adaptables que el visón europeo, y que otros mustélidos también. Explico por qué lo somos: si de una granja se escapan 100 individuos, la mayoría se morirán, pero los pocos que sobrevivan serán capaces de prosperar, porque la presión que habrán recibido para adaptarse será muy grande. Y esta presión ha permitido que tengamos un conjunto de características que hacen aumentar nuestras poblaciones de manera muy rápida.

Para empezar, podemos sobrevivir en ambientes contaminados y degradados. Esto ya es una diferencia respecto a los visones americanos que viven en América del Norte (recuerdo que es nuestro lugar de origen): ellos son indicadores de buena calidad ambiental, es decir, no toleran la contaminación. En cambio nosotros la toleramos, nos hemos adaptado. Un punto a favor de nuestras capacidades.

Podemos alimentarnos de un gran abanico de especies. No somos tiquismiquis y comemos de todo. Aunque nos movemos principalmente por ambientes acuáticos, no tenemos manías. Además, con la gran presencia de cangrejo de río rojo, una especie también americana y que se considera invasora (como nosotros), tenemos una fuente casi inagotable de comida.

Solo podríamos tener un competidor, el visón europeo. Y donde coincidimos con él, somos superiores. Aquí en Catalunya, solo nos puede hacer sombra la nutria, con quien compartimos hábitat y parte de la comida (aunque la nutria es mucho más selectiva, comiendo principalmente peces). ¿Y qué hacemos para no competir con ella directamente? Pues cuando los territorios coinciden, nosotros cambiamos nuestro habitual horario nocturno para salir a cazar y comemos menos peces, así no nos vemos y no competimos por los recursos. Otro punto a favor nuestro, y bastante importante, la verdad.

También somos capaces de movernos muchísimo: hasta 20 quilómetros al día. Imagina el desplazamiento que hacemos en proporción a nuestro tamaño. Es más, en Escocia se ha encontrado un visón americano que llegó a recorrer 120 quilómetros. Es espectacular incluso para nosotros. Aun así, la población catalana sigue aislada. Aunque ocupemos una gran extensión de territorio, no hemos conseguido contactar con las otras poblaciones españolas. Con quien muy probablemente no contactaremos será con las francesas, ya que los Pirineos actúan como barrera. Algún punto débil teníamos que tener: no nos gusta subir tan arriba.

La reproducción es el último punto fuerte que tenemos: podemos adaptar el número de crías según los recursos, la edad y la densidad. Así nos podemos expandir aún más rápido.

Estas características hacen que seamos una especie ultra-adaptable, capaz de sobrevivir en muchas condiciones diferentes. ¿Se entienden ahora los motivos de nuestro éxito? Realmente nos podríamos considerar un análogo de los superhéroes humanos, en versión animal. Por este motivo buscaba un nombre al principio, pero no me ha convencido ninguno.

Aun así, algunos humanos nos ven como supervillanos. ¿Este es un motivo para querer exterminarnos? No es culpa nuestra. Nosotros no tenemos intención de hacer daño. La evolución de la vida ha dado casos en que una especie desplaza a otra. Podríamos decir que es ley de vida. ¿Solo porque, en este caso, nuestra presencia en Europa (y en muchos otros lugares, también hay que decirlo) es forzada, hay que intentar corregir estos cambios a través de nuestra erradicación?

Entiendo perfectamente que se quieran mantener los bosques, prados y otros ambientes naturales tal y como son o como eran, intentando proteger todas las especies en peligro, pero la vida es un cambio constante. No hay nada inmutable.

Ahora, si la mayoría de humanos cree que lo que hay que hacer es eliminarnos, esperamos que se haga de manera efectiva, que no se nos alargue el sufrimiento. Y que se haga en base a criterios lógicos, sin dejarse llevar por sentimentalismos como los de los iluminados que nos soltaron en Galicia, o se sufrirán las consecuencias.

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