Un Ícaro para los murciélagos

Agradecemos la información facilitada por Carles Flaquer, coordinador del Área de Investigación en Quirópteros del Museo de Ciencias Naturales de Granollers.

 

Ahora que estoy cara a cara con un murciélago, concretamente un murciélago común, puedo decir que he cumplido mi sueño. Toda mi vida he perseguido a estos animales y he estudiado las diferentes especies que me he encontrado. Han sido pocas, esto es cierto, pero he sabido ver su ciclo anual y su vida al coincidir con ejemplares de diferentes edades, y he podido aprender de ellos.

Empecé a estudiarlos durante la primavera, la primera vez que salí de casa para iniciar este viaje que nadie entendió. De pequeño siempre me habían dado miedo los murciélagos. Seguramente porque en cara eran temidos. Son unos animales que siempre han tenido bastante mala fama. Quizá en algunos casos es justificada, pero en muchos otros es por desconocimiento, como pasa con muchas otras especies.

Durante la primavera, los murciélagos despiertan se su sueño invernal y empiezan a activarse. Los machos empiezan a alimentarse para recuperar el peso que han perdido durante la hibernación, mientras que las hembras dan a luz a sus crías. Algunas veces he llegado a ver hembras volando con una cría, pero durante un tiempo no supe si siempre la misma o no.

Terminé aprendiendo que solo tenían una y que volaban con ella hasta que era demasiado grande. Cuando esto pasa, mientras la madre se alimenta, la cría se queda en el refugio primaveral con otros jóvenes, dándose calor al agruparse todos juntos.

Es curioso que los machos y las hembras con las crías estén separados durante la primavera y que este comportamiento sea común en las caso 30 especies de murciélagos en Cataluña. Supongo que está relacionado con el hecho que los machos se desentienden de las crías. También es cierto que los machos buscan refugios más frescos, mientras que las hembras los buscan más cálidos para estar con su descendencia. Esto se debe a que los machos pueden entrar en períodos de torpor que les permiten disminuir mucho su metabolismo y no gastar tanta energía.

En esta época del año todos se alimentan tanto como pueden: tienen que recuperar fuerzas. Y como coincide con la época de emergencia de insectos, se ponen las botas. De hecho, también lo hacen en verano, pero en este caso cambia un poco la cosa: los machos dejan de centrarse en la búsqueda de comida para aparearse con las hembras; mientras que son las crías, ya juveniles, las que emprenden el vuelo para empezar a alimentarse lejos de la madre.

¡Y vaya tú cómo comen! Es normal si tienen que conseguir toda la grasa posible para pasar la hibernación. Ahora, no todos los murciélagos comen lo mismo, ya que no todos viven en los mismos hábitats ni se comportan igual. He aprendido que el murciélago rabudo, de vuelo rápido, caza por encima de las copas de los árboles, donde hay insectos que saben volar alto y bien, mientras que el murciélago orejudo, de vuelo muy maniobrable, caza entre los arbustos del bosque, esquivando obstáculos. Esto hace que los murciélagos que comparten hábitat, no tengan que competir por los recursos, porque explotan de diferentes.

A medida que el frío vuelve, pasando del verano al otoño y después al invierno los murciélagos van disminuyendo su actividad progresivamente. No toleran demasiado bien el frío, de manera que no pueden estar activos durante el invierno, aparta que sus presas escasean. Poco a poco, los murciélagos van disminuyendo su metabolismo, durmiendo más y comiendo menos.

En estos momentos, mi viaje me ha hecho conocer que los murciélagos se agrupan todos juntos en refugios de hibernación, tanto machos como hembras, a diferencia de los refugios de primavera, donde están separados. Al estar todos juntos, se dan calor entre ellos. Y este calor es necesario porque como son animales de sangre caliente, necesitan mucha energía para hacer funcionar su cuerpo. De manera que mantener el calor cuando hace frío facilita su supervivencia.

ratpenat pipistrel·la murciélagos

Fotografía de un murciélago común, del usuari markus kappeler zoologe de Flickr.

Es curioso que se apareen tan pronto, en verano, y que lleguen a la hibernación sin haber tenido crías, teniendo en cuenta el tamaño que tienen: sus gestaciones duran entre 3 y 6 meses. Con un tamaño parecido, algunos roedores como los ratones de campo ya han tenido crías en el primer año de vida y, incluso, seguramente han tenido más de una camada en su período de actividad.

Esto muestra una diferencia en la estrategia vital de los murciélagos respecto los roedores (como ejemplos de otros pequeños mamíferos): los primeros potencian la supervivencia adulta ya que tienen una baja mortalidad, mientras que los segundos potencian un gran número de crías que compensen la alta mortalidad.

Respecto a la larga gestación, también hay una adaptación que he conocido hace poco: tienen la capacidad de posponer el nacimiento de la cría hasta que la situación es más idónea (básicamente en primavera). Según las especies y el entorno, puede ser que las hembras guarden el esperma y se fecunden más tarde o puede ser que el embrión pare su crecimiento en condiciones desfavorables y lo vuelva a poner en marcha cuando las condiciones son mejores.

La verdad es que conocer todo esto me ha aportado mucha soledad, ya que he perdido amigos y familia por culpa de esta afición. No les culpo, los murciélagos son unos voraces cazadores de mariposas y polillas, entre otros insectos voladores, y se han comido a muchos de mi especie. Pero la fascinación por aprender de ellos me ha llevado a ser un insecto solitario, un repudiado que no sabe cómo está aún vivo después de jugarse su vida para conocer más a los murciélagos. Y por esto estoy en esta situación, frente a frente con el murciélago común que he comentado al principio del texto.

Siendo principios de invierno y haciendo algo de frío, pensaba que ya no habría ningún murciélago despierto y por esto me he acercado a un refugio donde sé que duermen estos animales. Una imprudencia por mi parte, lo reconozco. Y sé que será la última que haga. ¿Quién dejaría escapar una comida fácil cuando se necesita toda la energía que un pueda almacenar?

Casi podría decir que soy como un Ícaro de los insectos, que me he acercado demasiado a mi Sol, los murciélagos, por querer saber más. Pero nadie me podrá quitar que mi vida ha sido diferente a la de los demás. Es curioso que lo último que piense sea esta analogía con los humanos, mientras el murciélago común abre la boca y todo se vuelve oscuro.

Información adicional:

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Share This