Los viajes de la paloma

Primer viaje

“No entiendo por qué me han escogido a mí. Hay palomas que viajan, pero yo no. No me interesa ver gente de pueblo, animales salvajes… Son sucios y maleducados. Yo soy de ciudad.”

Quejándose todo el rato, la paloma siguió el río hasta el Oeste. Al llegar vio una gran cantidad de ríos y lagos brillantes de color gris oscuro con círculos en medio. En el campanario del pueblo, un hombre con uniforme verde le quitó un papel de la pata. Lo desplegó y empezó a maldecir y a insultar. La paloma se asustó y salió volando. Antes de seguir la ruta, paró en la orilla de un río para beber un poco de agua. Allí se encontró con una tortuga.

– Yo no bebería esta agua, está sucia. Huye como yo o morirás como el resto de mi especie, los galápagos europeos.

– Gracias por avisar.

Agradecida, la paloma se dirigió al Norte, donde llegó de noche. Allí la atendió un hombre con uniforme marrón. Cuando le quitó el segundo papel, sopló, murmuró y lo tiró al fuego.

-¿Por qué traes malas noticias? Descansa esta noche y vete pronto mañana.

Justo antes que saliera el Sol, la paloma se fue al Sur. Mientras volaba y gozaba de los bosques montañosos del Norte, oyó unos sonidos peculiares. Bajó hacia los árboles y vio a un pájaro oscuro con la cola abierta.

– Perdona, pero ¿qué haces?

– No molestes, estoy intentando atraer una hembra. Quedan pocas porque los de ciudad como tu hacéis mucho ruido y habéis provocado que los demás urogallos se vayan.

La paloma levantó el vuelo, molesta, y siguió hacia el Sur. Cuando llegó a los bosques húmedos típicos, paró en un río para beber agua, pero se apartó al oír un ruido.

– Ni cazar un ave de ciudad… – dijo un mustélido saliendo de un arbusto. – Malditos visones americanos invasores que nos han hecho enfermar. Estamos muriendo todos los visones europeos. Huye antes que te coma un visón americano.

La paloma se fue y llegó al pueblo a mediodía. Un hombre con el uniforme negro le quitó el papel que le quedaba. Lo leyó, lo dejó en la mesa y se fue dejando a la paloma sola. Viendo que el hombre no aparecía, decidió volver a casa, a la capital.

“Qué alegría volver. Aunque hay que reconocer que el viaje no ha sido tan duro como pensaba. Los paisajes eran bonitos.

Segundo viaje

“¿En serio? ¿Otra vez tengo que viajar? ¡Ya os vale!”colom-1

Cuando la paloma llegó al Oeste, el agua de los lagos y ríos era más oscura y había muchos galápagos muertos, cosa que le preocupó. Localizó rápidamente el campanario. El hombre de verde le quitó el primer papel y, después de leerlo, gritar y maldecir, la apuntó con una escopeta. La paloma huyó volando y continuó el viaje hacia al Norte.

Allí, el hombre de marrón la recibió y le sacó el segundo papel. Lo abrió, lo leyó y miró a la paloma.

-¿Otra vez? Por favor, vuelve volando a la capital antes de que me enfade más por las malas noticias que traes.

La paloma le hizo caso y salió volando hacia el Sur, esperando oír el peculiar canto de los urogallos. Pero solo escuchó fue el viento que levantaba a un espectacular quebrantahuesos.

En el Sur, el hombre de negro le quitó el último papel. El hombre desapareció y la paloma se fue. Mientras sobrevolaba los bosques húmedos del Sur, vio que un visón americano perseguía a un ratón.

– Soy el último que queda. ¿Qué vais a hacer sin comer? – dijo el ratón.

– Alguna cosa encontraremos – contestó sonriendo el mustélido, antes de comerse al ratón.

La paloma volvió a casa, pensativa. “Tortugas muertas en los ríos y lagos del Oeste, bosques silenciosos al Norte y visones americanos que limpian los bosques húmedos del Sur. Esto no es normal. Por suerte, en la ciudad no.”

Tercer viaje

“¡Venga hombre ya! ¡En tres años, tres viajes iguales! ¿En un día tengo que volver a estar aquí? Con todos estos papeles que pesan tanto, ¡¿cómo queréis que vuelva en un día?! ¡Estáis locos!”

Antes de mediodía ya estaba en el Oeste. El agua ahora era casi negra y una nube se movía por encima. Resultó ser un montón de mosquitos que la acribillaron a picaduras. Cuando llegó al campanario, todo el cuerpo le picaba y no paraba de rascarse. El hombre de verde le quitó uno de los papeles y, cuando lo leyó, gritó de alegría.

Sin entender la reacción, la paloma voló hacia el Norte, se encontró con una tormenta que la llevó a unos valles profundos, donde oyó un sonido familiar: los urogallos. Contenta de haber encontrado a los pájaros del Norte, visitó al hombre de marrón a media tarde. Le quitó un papel también con fuerza, sonrió y le dio agua y comida.

– Gracias. Come y bebe, que aún te queda un buen trozo y no tienes buena cara.

Notándose cansada, se dirigió pitando al Sur, donde llegó antes de que oscureciera, aterrizando mal y cayendo al suelo. El hombre de negro fue corriendo a cogerla y la dejó encima de la mesa, mientras le quitaba con cura el último papel. Lo leyó y le dio un beso en la cabeza.

– Venga, vete a casa. Vuela, amiga.

Con la ayuda del hombre, la paloma empezó a volar, pero cayó en el límite del bosque. Sin tiempo para levantarse, un visón americano se la comió. Al día siguiente, el hombre con uniforme negro encontró los restos de la paloma mensajera. Suspiró.

– Serás la última víctima de los errores del ser humano. Sé que la gobernanta que te envió ahora ve las cosas diferentes. Descansa, ya has cumplido tu misión.

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