El paradigma cambiante de los incendios

Agradecemos la información aportada por Josep Maria Espelta y Lluís Brotons (CREAF).

Mi abuelo era una persona extraordinaria. Hombre de mundo rural toda la vida, conocedor de la naturaleza por experiencia y no por ciencia, te podía explicar un montón de anécdotas que le habían ocurrido pasturando sus rebaños, cosa que me encantaba. Pero sus pocos estudios lo hacían una persona de tradición y de ideas fijas. Le daban miedo los cambios y no se quería adaptar a la era moderna. Hasta que una de sus creencias más básicas cayó: su visión del fuego. Y así lo explicó en una carta:

“Los cambios siempre son difíciles. Hay gente que se adapta fácilmente a ellos, pero hay otros que no hay manera que puedan hacerlo. Los cambios dan miedo y no todo el mundo está dispuesto a ver las cosas de manera diferente. Uno puede pasar toda la vida creyendo que una cosa es de una manera, que es lo que ha visto y oído a lo largo de su existencia. La influencia de los padres, amigos, del entorno en general, hacen ver que esa es la única manera.

Y el día que alguien cambia la versión, uno se opone con todas sus fuerzas, lucha con ganas. Cree que están completamente equivocados, que no tienen ni idea. Se les dice que no entienden nada, que no han vivido suficiente para saber cómo funcionan las cosas, que son demasiado jóvenes.

Yo era de las personas que tenía una idea prefijada y que vivía según ella. Gran parte de mi vida me he regido per unos principios, porque es lo que había visto en casa siendo un niño y de adulto trabajando. Solo ahora, que ya soy mayor, puedo ver que quizá tenía una visión sesgada.

En mi caso, creía que el fuego era un fenómeno puramente malo. He visto miseria causada por incendios, he visto compañeros pasarlo mal y conozco gente que no ha sobrevivido. Es cierto, esto son tragedias. Pero no lo son todo. Representan solo una cara de los incendios.

Dejad que me explique. El fuego ha existido a lo largo de la historia. Siempre que haya materia que se pueda quemar, habrá fuego. Y las plantas son material inflamable, de manera que de vez en cuando se queman. Dependiendo de la zona del mundo, los incendios son de una manera o de otra: varían según el tipo de plantas que haya, del clima que tenga la región. De hecho, se definen tres tipos de fuego: de superficie, de copa y de subsuelo. Además, no todos los incendios tienen la misma intensidad ni frecuencia, depende de su régimen.

El régimen natural de los incendios entra dentro de las perturbaciones que afectan a los ecosistemas. Está al mismo nivel que las inundaciones. Y las acciones humanas lo alteran. Precisamente esto es lo que ha cambiado mi visión, entender cuál es nuestro papel en los incendios. Si los incendios ocurren de manera natural, ¿por qué todo el mundo cree que son malos?

Es cierto que matan seres vivos, pero hay plantas favorecidas por los incendios, que rebrotan con más fuerza o germinan gracias al fuego, y animales que aprovechan los espacios abiertos para prosperar. Se produce una renovación del ecosistema. Esto hace que el fuego modele el paisaje.

incendios

Los incendios son una parte indispensable de nuestra tierra y tenemos que aprender a vivir con ellos. Nosotros somos los que hacemos que los incendios sean peligrosos. No digo que seamos los culpables, pero sí que modificamos su intensidad y frecuencia, de manera que se vuelven malos. Un ejemplo: el abandono del mundo rural, de las pasturas, de los campos de cultivo, ha provocado que zonas abiertas, que separaban bosques, se llenen de matorrales y aumenten el riesgo de incendio, así como ponen en contacto los bosques separados.

Recuerdo la casa de campo donde nací y me crie: tenía los campos de cultivo creando un espacio vacío de árboles alrededor. Ahora hay urbanizaciones en medio de bosques y ciudades que han crecido tanto que están tocando grandes arboledas, aumentando el riesgo de causar incendios. No se hace suficiente caso de las normativas, y esto es un problema.

Cada vez tengo más claro que es necesario mirar el fuego con otros ojos. Tenemos que entender que vivimos en un lugar que se quema de vez en cuando y tenemos que aprender a convivir con esto. ¿Verdad que si viviéramos en Japón, los edificios serían a prueba de terremotos? ¿Verdad que en el Maresme no se puede construir en las rieras? ¿Por qué no se valoran los incendios de la misma manera?

Ahora ya soy mayor y quizá no me queda demasiado tiempo para actuar, pero creo que las generaciones que vienen detrás de mí comprenden más fácilmente lo que estoy diciendo. Si se gestiona de manera adecuada un bosque y se conoce bien el tipo de fuego que puede haber en cada zona, podremos vivir con su presencia y cambiaremos nuestra manera de verlo.

Pero es una tarea de todos. Es necesario que haya una fuerte pedagogía en este tema. Explicar, informar y divulgar la realidad de los incendios y conseguir una mayor concienciación de la población. También con la ayuda de las administraciones. Sé que muchos bomberos y agentes forestales ya están cambiando la mentalidad, pero también es necesario que lo hagan los encargados de la planificación del territorio. Así que no hay más remedio que explicárselo. ¿Me ayudaréis?”

Esta carta la descubrí poco después que muriera. No tuvo nada de tiempo para actuar, solo para escribir sus reflexiones. Pero si una persona de su edad fue capaz de cambiar de opinión, de reconocer que su visión era parcial, ¿qué no se puede conseguir?

Hace tiempo que ayudo a mi abuelo en su tarea de concienciación, porqué opino como él, y siempre hablo de la carta. Si él pudo cambiar, los demás también lo podemos hacer. El mensaje es claro: el fuego no tiene porqué ser malo.

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